Caricatura sin defectos

La caricatura parece haber nacido como crítica a personajes de la política o vinculados al poder. Así lo sugiere el hecho que en varios cuadros de Leonardo Da Vinci aparecen, entre una cantidad de personas, algunos señores caricaturizados. Los rasgos extremados, con intención de molestar, indudablemente.

Pero la caricatura social, cotidiana, en paseos públicos o en fiestas, no trata sobre personas conocidas (ocasionalmente si, pero es coincidencia) sino del público en general. Ni tampoco, como tan frecuentemente se escucha, se trata de dibujar los ¿“defectos”?.


Les tengo una noticia: para un dibujante no existen los defectos ni la perfección, sólo se trata de dibujar. Los defectos, a mí entender, son un invento de la publicidad.
Por lo tanto, el dibujante trabaja sólo con la primera impresión que le produce esa persona, y el diálogo casual y ameno que se da en esas circunstancias.
Por ese motivo, se busca la “chispa” de un gesto, una expresión o un “clima” que transmite el modelo ocasional.


En mis tiempos de trabajar en paseos públicos y en la costa de Buenos Aires, hay definiciones que han ido dejando distintas personas a lo largo de los años.

Les brindo dos, por el momento, seguiré anotando todo lo que recuerde, más adelante, en esta sección...


a) Hacer caricaturas es dibujar a las personas con el “alma despeinada” (contado por un actor amigo, sobre lo que dijo otro amigo de él).

b) Dos chicos de unos diez años miraban mi exhibidor de dibujos en la plaza del barrio de Belgrano, en Juramento y Obligado. Había puesto un letrero que decía:

CARICATURAS; (y el precio de ese momento)
RETRATOS; (y el costo correspondiente)

Entonces, uno de los chicos le preguntó al otro:
-Che, ¿qué diferencia hay entre una caricatura y un retrato?
-Muy fácil-respondió el amigo- en una caricatura te dibujan como sos, y en un retrato…¡te dibujan más lindo!

Punto y coma, que les haya gustado.